domingo, 21 de diciembre de 2014

Una danza es una danza sobre Dance Dance Dance de Anibal Conde y Magdalena Leite

Dance Dance Dance en el Ciclo de Danza Tractatus
20 de diciembre 2014







Es común y estamos acostumbrados a ver danza en el cine; más que un recurso intersemiótico, ésta ya forma parte de las posibilidades expresivas de los cuerpos-imágenes-tiempos de ese lenguaje desde sus inicios. Desde musicales, hasta clásicos y heterodoxos contemporáneos, diversas películas y directores han incluído escenas dancísticas en las que median decisiones propias del lenguaje audiovisual: cómo encuadrar estas escenas (el intraducible verbo frame); qué elementos expresivos y detalles son elegidos para traducir a los tiempos cinematográficos un acontecimiento vivo como el del cuerpo que baila; qué elementos de la danza mejor contribuyen a insertar dicha danza en el tejido narrativo y caracterizante de los personajes cinematográficos en cuestión, etc.

En Dance Dance Dance, Magdalena Leite y Anibal Conde - dos uruguayos radicados en México hace algunos años - indagan en una serie de encuentros entre ambos lenguajes artísticos, explorando no sólo en la(s) danza(s) en el cine, sino también en un enfoque menos común: el del cine en la danza.

No es casual éste propósito si tenemos en cuenta el encuentro de formaciones y saberes profesionales de ambos creadores (también pareja en la vida real) y adicionalmente el marco en el cual esta investigación fue producida, que según la página del proyecto se enfocó “solamente en el cuerpo en relación con el tiempo y el espacio, sin hacer uso de ningún otro medio como sonidos, objetos, textos y video”. ¿Cómo se archiva la danza? fue la pregunta que el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México lanzó al Colectivo AM del que los coreógrafos forman parte, y Dance Dance Dance una de las respuestas que ocuparon sus galerías durante algunos días del año 2013*. Danza, espectáculo y producción de conocimiento reunidas sin solución de discontinuidad.

Si la efimeridad de la danza y su captura por parte de la cámara son principios en tensión pero simultánea colaboración en el cine, nos encontramos que en el presente escénico y despojado de Dance Dance Dance - donde además de la totalidad de sus ropas los artistas prescinden inclusive de la música por momentos - esa relación es materia de disección, desencuadre y reformulación. ¿Qué queda de una escena cuando se abstraen los cuerpos en movimiento de los contextos diegéticos, poéticos, semánticos, semióticos en los que ellos se presentan? Y a la vez, ¿qué ha sido abducido de una coreografía una vez que ésta ha sido encuadrada, editada, inserta en el lenguaje cinematográfico donde la presencia de los cuerpos se traduce a pura imagen?

Si la coreografía es un arte experto en el manejo del tiempo y del espacio, el cine es aquel especializado en la perspectiva, plano de composición menos manipulable para la danza escénica, donde el ojo del espectador convive en el tiempo y espacio real con el del cuerpo que baila. Por ser simultáneamente un estudio sobre la danza en el cine y sobre en el cine en la danza, en esta obra es fundamental la cuestión del encuadre, diferente para la cámara que para el ojo co-presente con el cuerpo de quien danza.

La obra parece comenzar explicitando esta serie de operaciones: Leite en el micrófono y Conde en el espacio, ella describe una a una las perspectivas, poses y cuadros que el cuerpo adopta. La segmentación del movimiento y del cuerpo que provienen del tempo descriptivo y analítico de las palabras de Leite - “plano frontal, plano abierto, detalle de mano, detalle de pierna”, etc., - contrasta con la continua presencia del cuerpo de Conde que sin cortes de edición fílmica ni ocultamiento alguno, nos invita a hacer con la imaginación una serie de encuadres y concatenaciones que no están allí. Creo (y anoto mentalmente) que ésta es la primer pista de un código que nos ayudará a navegar a lo largo de toda la obra y que también forma parte del contrato espectatorial en el cine: completar lo que no está ahí. Secreto del encuadre: no considerar sólo lo que deja dentro, sino explorar modos de sugerir la existencia de lo que no lo está.

Y pensando en lo que no está, en Dance Dance Dance no hay vestuario - salvo la piel, unos lentes de sol, una media rosada - ni tampoco aparecen citadas las escenas de las que estas danzas se extraen. Desconocemos lo que antecede y sucede al núcleo coreográfico exhibido. No hay escenografía ni “corten!”. No hay artificio musical ni metáfora. No se trata de la abstracción del movimiento puro - recurso modernista explorado por aquellos motivados en la pregunta por el medio específico y singular de la danza en tanto lenguaje autónomo -, ni de la referencia directa a las escenas de origen, sino a una compleja maraña de signos que crean nuevas relaciones entre cuerpo, imagen, tiempo, espacio, lenguaje y no lenguaje.

Los cuerpos desnudos de ropa y de carne - ambos bailarines son extremadamente delgados lo que genera un efecto estético particular -, nos presentan, menú en mano, una carta de escenas coreográficas más o menos famosas según los gustos cinematográficos del espectador. El reconocimiento (o no) de estas escenas y la carga semiótica y emocional (o no) que ellas portan serán únicas para cada espectador, y es en ese plano compositivo que Dance Dance Dance opera. La memoria - la de los bailarines en el remake de estas danzas pero también la del público respecto a las obras citadas - es un medio de relación con la propuesta pero también la pregunta que le dio lugar a su creación.

¿Qué memoria de los cuerpos sobrevive en una imagen? ¿Qué imágenes sobreviven en la memoria de los cuerpos? El estudio gestual y cinético que Conde y Leite realizan, nos propone un juego de presencias y ausencias, y creo que más que un juego de traducción, Dance Dance Dance es la pregunta sobre cómo cine y danza - cada uno por su lado pero también comparativamente - experimentan y resisten a esa no dicotómica condición de posibilidad de sus enunciaciones y experiencias.

La materia prima coreográfica es extraída de películas de Gaspar Noé, Stanley Kubrick, David Lynch, Sam Mendes, François Ozon, Jean-Luc Godard (x 2), Quentin Tarantino, John Badha, James W. Horne, Adrian Lyne, Jared Hess, Ming-liang Tsai, Jergen Leth. La muestra de films que la obra comprende no es aleatoria pero tampoco científica: es una selección afectiva donde el interés coreográfico se tira unos pasos con el amor cinéfilo, y ambos se dan el permiso de marearse un poco.



Al final de la obra y ya vestidos, los artistas agradecen nuestra presencia (sin cortes) y nos comentan que las coreografías se pueden estudiar en tutoriales que están en el sitio web del proyecto. La memoria de la obra se expande entonces hacia una plataforma virtual donde podemos reaccesarla pero ya no a través de lo visto en escena, sino de las fuentes desde las que la obra fue creada y desde sus técnicas de composición que son compartidas bajo el lema implícito de “hazlo tu mismo”. Esta posibilidad de acceso a posteriori, expande la temporalidad de Dance Dance Dance y su momento de acontecimiento más allá de los 45 minutos de pieza escénica, invitándonos no sólo a revisitar las escenas fílmicas sino también a aprender a bailarlas. Éstos incluyen instrucciones sobre la emulación de las formas dancísticas, pero también sobre modos de apropiación de esas danzas (por ejemplo: “baila con la música muchas veces hasta que sientas que tu cuerpo se apropió de la escena y que la interpretas con tu propia manera de bailar”). Si por un lado esto democratiza la técnica y los “secretos” detrás de las danzas estudiadas, por otro arroja algunas pistas hacia la pregunta sobre la danza y su archivo. Memoria, experiencia, actualización y apropiación performativa, quizás sean los instrumentos del cuerpo y de la danza para el Ctrl+G de acontecimientos impasibles de ser retenidos de modo definitivo.


** Sobre Dance Dance Dance - Web del proyecto:







en la diaria con foto de Nicolás Der Agopian: 









lunes, 8 de diciembre de 2014

Nacimiento de Otra Iglesia: sobre OTRO TEATRO de luciana achugar

Sobre OTRO TEATRO de luciana achugar
Ciclo Montevideo Danza. Diciembre / 4, 5, 6, 7. Sala Zavala Muniz - Teatro Solís










VERSIÓN COMPLETA DEL TEXTO A CONTINUACIÓN: 

OTRO TEATRO es de esas obras que encantan o espantan al espectador siendo infrecuentes las reacciones intermedias. Su temporalidad dilatada, más cercana de un ritual o una conjura que de un espectáculo, así como el espacio ambiguo donde la coreografía se desarrolla, hacen de ésta una obra poco convencional, que si ya desafía a los espectadores más habituados a la danza contemporánea, puede llegar a encantar o a expulsar a espectadores menos habituados a una propuesta de estas características, ¿inclasificable?

Al comienzo poco y mucho sucede en la escena: debajo de los pies del cuerpo cubierto, jadeante y cantante, un círculo de luz aparece lentamente, Un canto se repite incansablemente: “un día voy”. Un canto monocorde que va mutando con el cansancio y que se cierra en cada ciclo de repetición con un grito estático y en falsete: “un día voy a ser otra distinta”. Quienes conocen la canción de Juana Molina (“Un dia”) reconocen la metonímica apropiación que es cantada y queda resonando y rebotando significados durante toda la obra. En el escenario una oscuridad casi íntima es habitada por el mismo cuerpo que nos besó a la entrada, que ahora gira bajo el techo altísimo, desnudo e hiper-circuitado de la Zavala Muniz. Un cono de luz se abre hacia ese cielo-techo y la mirada se tienta y pasea, también recorre los asientos cercanos y los lejanos, desde donde empiezan a aparecer pistas de que el espacio escénico no termina en el proscenio.

Al inicio de la obra, mientras la coreografía aún es claramente un solo, quienes estamos en la platea performamos una práctica relacionada al placer y a la voz. Esta práctica genera movimientos y sonidos no permitidos habitualmente en los códigos de comportamiento del espectador de teatro. A medida que en el palco el ente gira circular y concéntricamente, cayendo y recomenzando, perdiendo la forma humana, en la platea la creciente displicencia de las respiraciones y de los cuerpos “infiltrados” - performers que entramos como si fueramos público – afecta los códigos de comportamiento de todos los presentes. Mientras que algunos se relajan, otros subrayan la rigidez en una actitud de “acá no pasa nada”, como para ver si con ella devuelven la normalidad a una situación que va dejando de serlo. El volumen del público aumenta su presencia: arcano o irreverente, lo que está sucediendo en escena despierta reacciones. Sea para expresar impaciencia, duda, incomodidad, sopor, placer o enojo, las reacciones del público varían día a día y son también coreografía; una parte de la obra compuesta colectiva e instantáneamente. Conversaciones en voz casi alta, comentarios de reproche, suspiros que empatizan. Una Consagración de la Primavera pero en Montevideo 2014. Pienso que a OTRO TEATRO se puede entrar en pie de guerra o de hospitalidad: la relación que se entabla con su propuesta es tan personalizada como el número de asiento asignado en la entrada, asientos que empiezan a sentirse demasiado frontales como para asistir a lo que pasa en la multidimensionalidad de la sala.

Con el correr de los minutos y las medias horas, el ritual solitario deja de ser tal. El cuerpo de achugar se descubre y se expone con un goce no exhibicionista. Se pliega con otros cuerpos que junto a ella o de forma independiente van tomando el espacio, sumergiéndose en una coreografía mántrica, sensual, pélvica, carnal, animal, placentera.

OTRO TEATRO explora el límite entre experiencia del placer y la objetualización de un cuerpo en estado de placer. MIentras que esta objetualización es (al menos en parte) probablemente inevitable y pasa a ser parte de la obra y de su valor plástico, la búsqueda estética y anatómica del placer es realizada dentro de los propios límites de la representación y es en ese forcejeo que la obra pega. En OTRO TEATRO la dramaturgia performa la imposibilidad de materializar el concepto de la obra por sus propios medios. El texto que se da a la entrada extiende la invitación:

Cultivarse un cuerpo nuevo…. Devolverles la voz a nuestros cuerpos, con una práctica del placer… Practicar cultivarse un cuerpo nuevo como se cultiva una planta… Cultivarse un cuerpo nuevo en placer… cuerpo utópico, conectado, sensacional, un cuerpo anárquico…. con un cerebro que se fundió a la carne, la sangre, los huesos, las agallas, la piel… un cuerpo en placer con ojos que ven sin saber, ojos que ven sin nombrar. “

El ingreso también viene acompañado de dos besos, uno en cada pie, depositados en la puerta del teatro, por una achugar sin rostro (después se descubre que es ella pero lo suponemos pues la obra es anunciada como un solo) y arrodillada en el piso.   

Del minimalismo del cuerpo opaco inicial la obra se transforma lentamente en un paisaje de cuerpos vestidos, desnudos, diversos - un otro Jardín de las Delicias - diseñando diferentes circuitos que sin embargo tienen nodos de convergencia común, formas similares. De modo semejante a un rito de iniciación o de transformación, el percurso coreográfico que los cuerpos garabatean tiene pasos y estaciones determinadas.
Aunque la obra no deje de consistir en una coreografía - entendida como una determinada disposición de cuerpos en un espacio y tiempo -, la de OTRO TEATRO trastorna la distribución habitual de roles del contrato teatral.

OTRO TEATRO molesta porque no define claramente donde termina la realidad y donde comienza la ficción. Incomoda porque es una negociación entre la experiencia del placer y su formalización. Conflictúa porque no resuelve ni ética ni poéticamente el modo de relacionarnos con su propuesta. A cada función la obra se transforma y calibra en relación con el público y sus reacciones. Algunos se van antes de la primer hora, otros se unen a los cantos coordinados, otros comentan con sus vecinos de butaca en busca de pistas o de desahogo, otros disfrutan del pulso vibrátil que el teatro va adoptando, otros se sienten agredidos y hasta estafados al descubrir que lo que en un inicio parecían espectadores más relajados que lo habitual, luego muestran ser “actores”. ¿Dejarse involucrar o sentirse estafado? Si estuvieramos en una iglesia, lo que separaría al creyente del escéptico sería simplemente la fe. Algo de este orden sucede en esta obra de achugar y sus colaboradores, pero en este caso dios es el teatro.

Siendo una de las artistas involucradas en la obra – junto a otros 15 aprox - y habiendo tenido la oportunidad de hacerla y observarla en (inter)acción con dos públicos muy diferentes - el Neoyorquino y el montevideano – percibo que OTRO TEATRO es otro irrepetible en cada función. Entre ellas, dos días y espectadores marcaron mi pensamiento y experiencia de la obra fuertemente. El primer día fue en NY, cuando el espectador sentado al lado mío sacó una libreta de su bolsillo y luego de una escritura breve y feroz me extendió un papel que me pedía quedarme quieta. Recibir ese mensaje una vez iniciada la performance, y percibir no solo la incomodidad sino la tentativa de proteger la obra de parte de este señor abrió una cantidad de preguntas y conflictos que aún hoy sigo visitando y aprehendiendo, masticando en cada presentación. Y también fue el momento más difícil que pasé en escena jamás (y fue desde una butaca). El segundo ocurrió en Montevideo, cuando desde mi lugar en la platea comencé a sentir una gran empatía de parte de una conocida que se sentó a mi lado mientras yo comenzaba con esta práctica del placer y la voz, que es el inicio de la coreografía. La empatía que creció entre las dos habilitó que su cuerpo comenzara a tomarse más permisos y espacios y que alcanzáramos el contacto físico a través de un masaje que ella me ofreció. Sin embargo esa relación fue cortada cuando llegó mi pie para entrar al espacio escénico a performar una coreografía combinada con otras 3 artistas también infiltradas. Esa entrada fue mucho más que un desplazamiento en el espacio: dejando atrás a mi colega de asiento y cómplice de placer, entré a escena sabiendo que la espontaneidad de nuestro contacto estaba siendo mutilada por la regla coreográfica que mi rol me exigía respetar. Crecía entonces un otro cuerpo entre las dos, un cuerpo paradójico y en problemas, un cuerpo que en el instante de su nacimiento era mutilado por el mandato formal de una obra sobre la representación del borramiento de los límites de la representación. Hasta donde llevar esa tentativa utópica junto y no contra el espectador, me pregunto mientras sigo performando la obra y con el deseo curioso y ya utópico de ser algún día una mera espectadora de ella. Un día.

Las fracturas que OTRO TEATRO produce tienen que ver más que nada con éste teatro, el conocido y acolchonado, el previsible y organizadamente catártico. Lo que esta obra propone puede ser visto como una insolencia o como una disuasiva insistente que golpea con pies y manos en busca de alguna alquimia de transmutación. Los cortocircuitos que produce afectan las expectativas de recepción, las estrategias de relación, los parámetros que separan autenticidad de representación. El armamento teatral convencional no sirve.

Por su parte la obra también se expone a la vulnerabilidad de las reacciones que suscita y a la negociación con las reglas de este teatro que es el Solis, poco encantado con la coreografía percutiva, interviniente y (solo en apariencia) anárquica de la obra. La negociación con sus funcionarios materializa la presencia disciplinante que OTRO TEATRO no niega pero confronta.

Entre la experiencia del placer y su coreográfica representación, entre el extrañamiento como acontecimiento teatral y la alienación del código teatral, OTRO TEATRO construye su otredad por medios únicamente teatrales. Ese OTRO nace como un cuerpo o tumor dentro del propio cuerpo teatral y no afuera y es esta mezcla de ámbitos lo que incomoda y también lo que potencia las paradojas que encantan a algunos, enojan a otros.

Si pensamos en los happenings de los 60, no es novedoso el juego que borronea los límites entre vida y performance. Sin embargo la no explicitación de este código y la proximidad física con la que la transición de una hacia otra es hecha, eleva la tensión de los cuerpos y afecta la percepción, el juicio, la experiencia, la semiosis y la razón del teatro y sus habitantes.

La toma del espacio avanza y golpea a lo largo de las dos horas de obra, en un tono crecientemente empoderante y rabioso, violento y gutural, que en una gráfica oscilante de intensidades tiene momentos de alturas extremas y otros de mesetas y depresiones. Hacia el final la energía y el canto se suavizan y los cuerpos que han estado subiendo y bajando de las gradas a la escena, se concentran finalmente bajo una luz azul. La calma postorgásmica que había aparecido en el primer cuerpo - el de achugar bajo la tela - retorna en un paisaje ahora multitudinario. Cuerpos en descanso y en su piel, que tras unos minutos de reposo se reactivan para intervenir el teatro plásticamente, diseñando prismas y rectas fluorescentes, que atraviesan y cortan la memoria circular de lo sucedido en las pasadas dos horas.

OTRO TEATRO es la pregunta de qué pasa cuando el teatro quiere performar su propio “afuera”. Su adentro tiembla, como las butacas, los espectadores y los acomodadores atónitos de este otro teatro montevideano. El teatro nos sigue juntando. Transformarlo y transformarnos es la invitación medio tosca, medio entreverada, del todo problemática y de cualquier modo provocadora que esta obra extiende, golpea, gime, abre, goza.


En la diaria del 10 de diciembre de 2014: 







martes, 25 de noviembre de 2014

En el ring. Sobre LA LUCHA




"Me queda claro el interés que los une, pero me interesaría que me contaras un poquito cómo se conocieron, y cómo se fue dando la posibilidad de pensar algo juntos.
La Lucha es una colaboración entre los artistas curitibanos Leonarda Glück, Gabriel Machado y Gustavo Bitencourt y la uruguaya Lucía Naser.

En sus investigaciones individuales, cada uno ya traía el interés en la caracterización como forma de entender la relación entre lo cotidiano y la ficción. Gabriel interesado en la cultura de animés y cosplay, yo interesada en la caracterización corporal en historietas y cosplay, habiendo trabajado recientemente con referencias a la lucha libre. Por su parte Leonarda trabaja en sus últimas performances con temas de crossdressing y cultura sadomasoquista, y Gustavo, investigador de la cultura drag/transformista, actúa también como drag queen en la noche curitibana.

Fue a partir de un documentál sobre el grupo “Los Exóticos” – un grupo mexicano de lucha libre que usa la caracterización drag en sus presentaciones – que comenzamos a desear un formato que mezclara el espectáculo y la competencia deportiva; en el que el público pudiera involucrarse, hichar, reír, gritar, salir y entrar, hablar, beber, conversar.

La Lucha habla un poco de varias luchas que vivimos en la práctica. Desde esos embates que existen en nuestro pequeño grupo, que nunca había trabajado junto, hasta cuestiones más amplias, que afectan a todo el mundo, como identidad, género, disputas territoriales, políticas, éticas, estéticas. También se trata sobre el derecho a fantasiar y auto-ficcionarse, sobre poder transformarse y sobre no ser obligados a ser una misma cosa toda la vida.

Buscamos con recursos de humor, lucha y melodrama construir un vocabulario capaz de dialogar con diversas personas. Buscamos proponer algo entre gracioso, dramático, violento, que pueda involucrar a las personas, y que podamos también sorpendernos haciéndolo.

Un elemento importante fue la elección de los espacios de presentación. “La lucha” estrena en Montevideo, Uruguay, en el club norcturno Il Tempo, y luego, en Curitiba las presentaciones serán en una escuela de pole dance (baile del caño). La elección de estos espacios tiene como objetivo alterar el tipo de formalidad que existe en un teatro u otros espacios habituales de presentación de danza o teatro.

¿Qué les interesó a ellos para venir y montar el espectáculo acá? (o a vos, para invitarlos a ellos)
El proceso creativo de la obra tuvo lugar en curitiba durante un período corto e intenso, y para ello yo (lucía) pasé un poco más de un mes en dicha ciudad. La decisión de estrenar la obra en Uruguay tuvo que ver en parte con una necesidad de volver a Montevideo por cuestiones laborales y en la decisión de realizar el proceso creativo en dos etapas y ciudades: Curitiba y Montevideo. Ese deseo tiene que ver con el interés que tenemos en esta obra por producir encuentros e intercambios con comunidades diversas y presentar la obra en ambos países permitía un tránsito entre culturas, idiomas, hábitos y espectadores diferentes. Por otra parte el premio Prêmio Funarte de Dança Klauss Vianna/2013 fue un apoyo que nos permitió costear los pasajes, estadías y logística que permitió hacer la obra en ambos países y nos parecía una buena oportunidad para realizar este deseo que es tan difícil de viabilizar en términos económicos en un área de producción como la de la danza. A ellos (los curitibanos) también les atraía venir a Uruguay que es mirado con alta estima en la región por los logros en términos de legislación y derechos sexuales de personas y comunidades LGBT.


En relación a cómo se formó el grupo, fue una mezcla de deseos, afinidades y coincidencias, aunque luego una vez trabajando juntos fuimos descubriendo el porqué estabamos encontrándonos artistas tan diferentes en un mismo proceso creativo. Las luchas y negociaciones que nacen de esas diferencias son parte importante de la obra y de cómo la fuimos creando. Más aún considerando que esta es una creación colectiva y que por ende las decisiones son tomadas por todos todo el tiempo (con el apoyo dramaturgico de la coreógrafa Carmen Jorge de Curitiba y la colaboración de la iluminadora Regina Fabia y la compositora Jo Mistinguett)


-La charla previa puede pensarse como una suerte de introducción a la puesta?"
La charla – performance “Mundo travestido” tiene relación con el trabajo que Leonarda como artista transexual y Gustavo (Dalvinha) como drag queen hacen y con cuestiones como la transexualidad y la inclusión social de personas trans. Tiene relación con La Lucha en la medida en que compusimos la obra en relación a nuestras experiencias y vivencias personales pero en verdad es una actividad bastante independiente de la puesta.
La idea es generar una instancia de diálogo que trate de estos temas pero en un clima menos formal y/o solemne que una conferencia o seminario. Al mismo tiempo nos parecía importante generar alguna instancia de encuentro e intercambio con el público montevideano más allá de la propuesta escénica y aprovechamos que Leonarda y Dalvinha habían hecho esta presentación unos meses atrás en Sao Paulo para proponerla aquí en Montevideo.



Ambos eventos con fecha y lugar. Abajo link y releases

LA LUCHA (obra)

LA LUCHA es transformismo como performance política: lucha libre, cosplayers, practicantes de BDSM, fanáticos, cyborgs, héroes-drag, payasos, partners, transanimales transmutantes, artistas de la calle, travestis de la periferia y de barrio rico, indígenas reinventando sus cuerpos empapados en glocalidad, la explotación de la carne de las travestis suramericanas haciendo la vida en América - con prótesis, tejidos, tecnologías y maquillajes de China.
LA LUCHA también es una afronta al conservadurismo, al recato y a la hipocresía. En ese embate se lucha contra dogmas parasitarios del alma, contra la apatía y por el derecho a no ser una misma cosa la vida entera, por la fantasía y por el derecho al propio cuerpo: el mismo cuerpo que es nuestro campo de batalla

MUNDO TRAVESTIDO (charla performance)

LA LUCHA invita al diálogo-performance: MUNDO TRAVESTIDO
Cuestiones actuales como la transexualidad y la inclusión social de personas trans son discutidas por Leonarda Glück y Dalvinha Brandão - una mujer trans y una drag queen – con la banalidad de un programa matutino de televisión, sin el menor compromiso con las buenas costumbres y la moral. Ellas quieren travestir al mundo entero!




domingo, 2 de noviembre de 2014

viernes, 3 de octubre de 2014

El otro del cuerpo que danza. VII Seminario del Área Académica Queer

 

VII Seminario Académico de Género y Diversidad Sexual - AAQ. Mesa de Cultura "La mirada del Otro". El otro del cuerpo que danza por Lucía Naser. 

Presentado en el Seminario 2014

https://areaqueer.wixsite.com/areaqueer/ponencias  


En la obra dIsCoNtInUaNiMaLiDaD (2012) exploré posibles modos de evadir la otrización de un cuerpo en escena buscando habitar un intersticio de indefinición, de becoming-venir a ser , un abismo de imposible catalogaciòn, de irreducible diferencia. ¿Cómo estar presente sin ser clasificada? Me inspiraba esta cita:

La discusión se torna interesante una vez que, en vez de preguntarnos si hay o no un límite que produce discontinuidad, uno intenta pensar en qué se transforma el límite una vez que éste es abismal, una vez que la frontera no forma ya una línea única e indivisible sino una línea internamente dividida; una vez que, como resultado, ya no puede ser trazada, objetivada…o contada como única e indivisible. ¿Cuáles son los bordes de un límite que crece y se multiplica alimentándose de un abismo?” (Jacques Derrida. The Animal that Therefore I am 31)

Las preguntas concernientes a la relación con el otro (cultural, sexual, disciplinar pero también el otro en tanto espectador) y sobre la posibilidad de entablar vínculos que no borren sino que se alimenten de la diferencia (indefinible) con él, han cobrado un lugar bastante importante en creaciones de danza contemporánea y en el arte interesado en pensar desde la intersección entre presencia, cuerpo, política y experiencia.

Siendo un lenguaje no verbal - aunque con estrechos vínculos con él-, la danza se produce y se “consume” en contextos y sistemas culturales en los que los códigos de recepción y de enunciación tienden a querer nombrar - identificar a eso que llamamos el otro. Se organizan de esta forma, procesos de identificación que prometiendo seguridad ontológica y certezas perceptivas, anulan o aplanan la diferencia (que entiendo como) irreductible respecto a ese otro imposible de aprehender.

En mis dos últimas creaciones el concepto de diferencia es un disparador para investigar cómo es y sobre todo cómo podría ser la relación con el otro en tanto exterioridad pero también entanto espacio “interior”, es decir, la relación con ese otro que vive en nosotros. Preguntándome sobre lo que hay en los entres o afueras de la identidad, en dIsCoNtInUaNiMaLiDaD (2012) exploraba los parámetros de identificación del cuerpo que danza y los límites – siempre ideológicos - que hacen (im)posible separar humano de lo animal y al cuerpo vivo del muerto, en Episodios (2013-...) la investigación parte de estereotipos de representación de lo corporal, de lo sexual, de lo humano y de lo súper-humano, para luego desestabilizarlos mediante tentativas de resignificación performativa y fantasiosa. La lucha y Episodio Ivson investigaciones que serán desarrolladas en los próximos meses que que abordan desde marcos diferentes, preguntas próximas a éstas.

En este ensayo quiero compartir algunas preguntas y miradas a las implicaciones que tiene la mirada del otro como aspecto fenomenológico de la danza y como plano de composición coreográfica. Pensando en la danza escénica (aquella hecha para ser vista) voy a compartir algunas observaciones sobre como la contemporánea ensaya modos de experiencia no ceñidos a procesos de identificación, que tienden a aplanar la singularidad de cuerpos y de actos, eventos!

Si bien hay singularidades, también es posible encontrar elementos en común con el campo social.

En especial para la danza contemporánea, la comunicación que propone la danza requiere de considerar complejos arreglos sensibles y conceptuales. Sus procesos de producción de significado presentan un límite de control semiótico por parte de sus autores, y su carácter eventual hace imposible prever las relaciones y situaciones emergentes durante su acontecimiento. Aunque esto presentaría a la mirada del otro como un espacio imposible de prever o de diseñar de modo definitivo, y por ende como un espacio para la producción de modos otros de relación y percepción, es paradójico el hecho de que la historia de la danza está llena de intentos orientados a querer “resolver” este aspecto de indeterminación, planteándolo por ende como problemático. Las técnicas y sus modos de codificación muestran cómo ésto se realiza en los cuerpos.

Pero desde el surgimiento de la moderna, en la danza comienza a apreciar sus diferencias respecto al lenguaje verbal (sin por ello negar su relación con él), y a abordarlas en tanto potencialidades y ya no solo deficiencias. Emerge entonces un creciente interés por producir experiencias no sujetas a las categorías cognitivas y perceptivas delimitadas por la palabra y por la identificación (sistema de catalogación que involucra género, raza, cultura, etc.).

¿Qué puede producir esta línea de investigación? ¿Es una línea destinada a la imposibilidad o consigue crear mundos (aunque sea efímeros) por fuera de estas estructuras de experiencia que tan poderosas han sido en la historia del espectador así como en la del cuerpo en escena?

Qué rol juega la mirada del otro en la danza es una pregunta que necesita ser des-universalizada, atendiendo a las diversas bases fenomenológicas, epistemológicas, culturales e históricas que varían según el tipo de danza y el momento al que nos refiramos. Dialogando con el tema de la mesa y del seminario, voy a intentar pensar en qué produce esta desuniversalización si es trazada desde una mirada de género, sin que “género” provea una clara línea divisoria, sino un espacio de infinita producción de diferencia. Sobrevolando: la palabra/teoría queer.

 

TRAVESTISMO DE LA MIRADA

Desde los 70s y de la mano de autoras como Laura Mulvey - con su seminal texto de 1975 titulado "Visual Pleasure and Narrative Cinema" - el pensamiento sobre la mirada masculina o “male gaze” introdujo importantes reflexiones sobre políticas de la mirada en el cine y su relación con sistemas machistas y patriarcales de distribución de lo sensible. Éstas fueron continuadas por debates feministas y pensadas más tarde para la danza, arte proclive a favorecer la objetualización de la mujer en particular, así como a performar experiencias del cuerpo femenino configuradas a partir de la mirada del hombre.

Al pensarse en relación a la danza, la mirada del otro levanta al menos dos tipos de interrogantes:

¿Qué parámetros de relación median entre el cuerpo que danza y el espectador y qué procesos de “otrización” componen los hábitos culturales de recepción de ese espectador? (aquí lo visual necesita ampliarse para involucrar otros sentidos que participan de este lenguaje)

¿De qué modo la mirada del otro se vuelve un plano de composición coreográfica y al mismo tiempo cómo determina la experiencia del cuerpo que danza?

Si partimos de la premisa planteada por Mulvey de que en el cine la cámara pone a la audiencia en la perspectiva del hombre heterosexual y que la mujer se mira a sí misma a través de la mirada masculina, cabe preguntarnos qué traducciones y qué consecuencias tiene esto al pensarse en relación a la danza? ¿Cómo pensar sobre la mirada de “el otro” sin reducir a ese otro/otra a la aplicación de categorías identitarias que operan desde normas y representaciones hegemónicas relacionadas al cuerpo? ¿Qué asimetrías existen entre quien mira y es mirado y cómo estos roles afectan diferencialmente a hombres y mujeres?

En su artículo “The female dancer and the male gaze: feminist critiques of early modern dance” (Desmond 1997) Susan Manning se acerca a la “teoría de la mirada” / “gaze theory” como vertiente crítica que ha ganado espacio en la danza e incluye la potencialidad de revertir esta mirada, abriendo espacios de agencia en-contra-sobre, este voyeurismo patriarcal interiorizado y reproducido también por la mujer.

Si el ballet del siglo XIX es analizado por Copeland como configurado a partir del coreógrafo masculino (y por ende del espectador masculino) mirando a la bailarina, las precursoras de la danza moderna van a apostar mucho más a la empatía kinética que a la experiencia visual. Vemos a partir del concepto de metakinesis1 aportado por John Martin, intentos de repensar y revertir la jerarquía de la mirada por sobre otros sentidos en el pensamiento occidental y masculinista. En su análisis crítico hacia la danza moderna, Manning propone que en ella se da un doble movimiento: mientras que se subvierte la mirada voyeuristica, se proyectan nociones esencialistas de la mujer….

Así es que más tarde los posmodernos (danza contemporánea), reaccionarían contra la fisicalidad y sensualidad explícita de las madres fundadoras de la DM - Duncan y Graham. En diálogo con el feminismo de los 60-70, artistas de la danza posmoderna miraban a la revolución sexual con sospechas considerables, argumentando que ésta no había liberado a las mujeres sino que meramente las había hecho más disponibles.

Las preguntas que levantan estos antecedentes son muchas y son una especie de herencia para la danza contemporánea que las recoge desde una filosofía y ánimo deconstruccionista.

¿Cómo decir sí a la mirada del otro sin auto-objetualizarse? ¿Como decir no a la mirada objetualizante del cuerpo que danza, sin perder la posibilidad de agencia, o sin concluir con una auto-anulación como táctica para corroer esa otra mirada entendida como reproductiva de relaciones de poder ?

Un momento importante para observar cómo la mirada del otro se vuelve un plano de composiciòn en la danza contemporánea es la escritura por parte de Yvonne Rainer de el Manifiesto del No (1965) acompañada de la obra Trío A (The Mind is a Muscle, Part 1), en 1966, un año antes de que Guy Debord publicara su “Sociedad del Espectáculo” (1967).


No al espectáculo,

no al virtuosismo,

no a las transformaciones, a la magia y al hacer creer.

No al glamour y la trascendencia de la imagen de la estrella,

no a lo heroico,

no a lo antiheroico,

no a la imaginería basura,

no a la implicación del intérprete o del espectador.

No al estilo,

no al amaneramiento,

no a la seducción del espectador por las artimañas del intérprete,

no a la excentricidad,

no a conmover o ser conmovido


Si este momento de la danza implica una crítica radical al voyeurismo implícito en la historia de la recepción y de la producción de este arte, éste cobra una especial relevancia al ser enunciado por una mujer y acompañado por esta coreografía2.

Años más tarde, Rainer realiza el film “This is the story of a Woman Who” (1973) en el que investiga las dinámicas de la mirada haciendo una analogía entre la relación del espectador con el performer y la relación entre hombre y mujer. Otro ejemplo interesante desde la video performance es “Semiotics of the kitchen” de Martha Rosler3 en la que la artista cita explícitamente estereotipos de lo femenino para resignificarlos performativamente en una operación que siguiendo a Butler podríamos llamar de catacresis (1997).

Llevaría todo un seminario analizar una serie de obras que piensan coreográficamente la cuestión de la mirada del otro desde el género, y en términos más amplios en la definición y relación con ese “otro” al que se mira o nos mira). Éstas obras parten a veces de la premisa de que el arte es un plano meramente reflectivo de las relaciones sociales, y otras de la conceptualización del ámbito estético/político como productivo de nuevos espacios y relaciones aún no existentes – actuando entonces sobre las estructuras de poder y dominación operantes.

En “Women writing the body: Let´s watch a little how she dances” Elizabeth Dempster propone un abordaje constructivo de la danza y plantea una diferencia significativa entre el ballet clásico – en el que el espectador es invitado a mirar desde un mundo distante e ideal en el que la bailarina es representada como silfide, ser transmundano, como una presencia ausente y casi in-corporea - y lo femenino tal como aparece en la danza postmoderna donde sería inestable, irregular, cambiante: un sujeto de múltiples representaciones y transformaciones.

Cuán capaz es la danza de desmantelar los regímenes patriarcales y sensibles que organizan miradas y experiencias - no sólo de “el otro” sino con-el-otro en un inseparable plano de experiencia compartida - , es una pregunta que ha dado lugar a estrategias diversas, que van desde la explícita cita y confrontación de estereotipos y normatividades de género, raza, cultura, etc., a tentativas de evasión (eludir), o la invención ficcional de cuerpos y espacios no sujetos a las circunscripciones que género y cultura buscan permanentemente estabilizar.

Al recibir la invitación para hablar del tema que esta mesa convoca, no supe si empezar por Simone de Beauvoir y su segundo sexo, si asumir que no hay mucho más que decir después de “Cuerpos que importan”, si hablar de la presentación de la persona en la vida cotidiana, si citar textos que miran la danza desde la teoría queer, si presentarles coreografías que piensan performativamente la cuestión, si hablar del rol de “lo masculino” en la danza - porque el hombre es un poco mi propio “otro” -, si presentarles el blog de Jill Dolan (The feminist spectator) o si hablarles de mis propias obras entanto tentativas irresueltas de abordar estas preguntas.

Disculpandome por no decidirme claramente por ninguna de estas opciones y por compartir casi exclusivamente problemas (sin soluciones), quiero concluir contándoles que en el presente, hay tres palabras que me interesan para pensar e intervenir sobre las políticas que administran nuestra relación con los otros y sobre todo con esos otros que viven dentro de cada uno.

Ficción: para romper el círculo de lo real - que no es sino una división (politica-estética) entre lo legítimo y lo ilegítimo, lo visible y lo invisible - en tanto plano de clausura y de captura de nuestras experiencias perceptivas y hermenéuticas. Esto implicaría dejar de dar por hecho al cuerpo...

Ambiguedad.

En varias obras de DC vemos tentativas por desestabilizar los hábitos cognitivos y las epistemologías y filosofías que intervienen en nuestra percepción de las obras (y del mundo) mediante una reiterada producción de situaciones e imágenes ambiguas. La ambigüedad – espacio generador de angustias y de no-saberes - amenaza y pone en crisis la calma ontológica, la ilusión de una experiencia de vida unificada, que el poder se esfuerza por fijar aún ante las evidencias más contundentes de su inconsistencia.

Lo real es entonces dejado de lado para jugar en el campo de lo virtual, de lo hiperreal, lo imaginario, que se hace presente y se transforma en materia, en experiencia perceptiva. El tráfico y yuxtaposición de lógicas, genera una porosidad de los ámbitos de lo real - lo virtual – lo ficcional.

Se afirma entonces la indiscernibilidad de realidad y ficción, de realidad y virtualidad, de verosimilitud y fantasia, de original y simulacro. Esta indiscernibilidad no es representada sino presentada y dejada a libre consideración del espectador. No hay una enunciación ideológica, ni psicológica, ni teleológica. Es en la relación de cuerpos, espacio y tiempo donde las obras (acciones) ponen en duda los procedimientos normalizantes que hacen que percibamos una situación como “natural”, o como real.

De la mano de esta “suspención de nuestras creencias” la danza se aproxima a lo que Coleridge señalaría como una de las principales características de la ciencia ficción (1817): sesmantelar o des-a-preciar aquello que en la experiencia cotidiana es tomado como “real” o “natural”: un modo de abrir paso a otras realidades, explorando el afuera de los discursos con pretensión de “verdad” o de aquello que se nos presenta como verdadero. En palabras de Alberto Moreiras, esto causa la explosión de la razón circular y totalitaria, evidenciando que “el pensamiento de la cultura como un círculo hermenéutico es un prejuicio meramente ideológico[5] (The Exhaustion… 15). Desinteresándose por la construcción de verdades sobre el mundo y sobre “el otro” la danza puede desafiar lo familiar y lo re-conocido, y por lo tanto las categorías y procedimientos de la razón occidental – que ya no nos servirán para relacionarnos con las experiencias que estas creaciones de danza contemporánea nos proponen, ni tampoco para describir lo que ellas hacen (estética y políticamente).

Lo que J.G. Ballard llamara “fantasía especulativa” es un método especialmente potente de usar la propia imaginación para construir un universo paradójico en el que el sueño y realidad se funden. La ficción de lo surreal no es mera arbitrariedad sino que se trata de no tomar el mundo (o al otro) simplemente “como es” (porque por otra parte; ¿cómo es?) sino de re-hacerlo, transformarlo con las herramientas de la imaginación, re inventarlo y reinventarnos en cada nuevo encuentro con él.

. “… the madman does that… the psychopath does that… but the real job it to re-make the world in a way that is meaningful, you see…and that’s what surrealism does” (Ballard At Home, 10).

La tercer palabra es deseo: para devolver al cuerpo que danza su posibilidad de experimentar y hacer de esta experiencia un medio para construir relaciones con el otro y para la transformación del mundo. Sin deseo el cuerpo es mero objeto (pasivo ante la mirada del otro o ante la reproducción de una forma coreográfica activa sobre una carne moldeable). O sea, en tanto mero objeto de deseo, el cuerpo anula sus posibilidades de actuar estética y políticamente sobre el mundo y sobre sí mismo.

Desde mi punto de vista (aunque podria decir desde mi CAMPO de olfato, tacto, audición) teórico y artístico, la danza está reabriendo este universo de preguntas a partir de un enfoque que se aleja de las políticas de la identidad o de las reivindicaciones contra-hegemónicas (percibiendo que ellas contienen el adn de las propias estructuras que quieren derribar) para crear mundos de experiencia en los que se ponen en crisis los parámetros y las políticas de reconocimiento de cuerpos legítimos o ilegítimos, significativos o anómicos - en la danza y en la vida.

Si la presentación de cuerpos ambiguos, abyectos, monstruosos, de-generados es una táctica recurrente en algunos recientes procesos coreográficos de extrañamiento, la activación del deseo y del placer en tanto motores de acción escénica, heurística y experiencial, está cada vez más presente en los cuerpos que danzan, y que buscan resignificar y subvertir las economías simbólicas que los han sujetado a dicotómicos entendimientos y performances de los roles de quien mira, de quien es mirado, de quien se mira siendo mirado, de quien se observa en tanto espectador.

Si la danza puede revertir el lugar del objeto del cuerpo que danza y liberar su sujeción respecto a la mirada “consumista” y “clasificadora” del otro, la activación de la imaginación y el deseo pueden ser posibles pistas hacia esa transformación.

Recordando la famosa frase de William Blake que afirma que “aquel que desea pero no actúa, engendra peste”, me gustaría concluir con la pregunta: ¿qué engendra aquel que actúa pero no se permite (o no se le permite) desear, gozar?


Referencias

Artaud, Antonin. El teatro y su doble. Editorial Sudamericana S.A. 2005. (Original 1948)

Berger, John. Modos de Ver. Barcelona : Gustavo Gili, 2010.

Conboy, K., Medina, N., Stanbury S. Writing on the body: female embodiment and feminist theory. New York: Columbia University Press, 1997.

Copeland, Roger, Marshall, Cohen. (Eds.) What is dance?: readings in theory and criticism. Oxford [Oxfordshire]; New York: Oxford University Press,1983.

Roger Copeland, Marshall Cohen. [edited by]What is dance? : readings in theory and criticism.Published:Oxford [Oxfordshire] ; New York : Oxford University Press, 1983.

Dempster, Elizabeth. “Women Writing the Body: Let’s Watch a Little How She Dances ” Bodies of the Text: Dance as Theory, Literature as Dance. Eds. Ellen Goellner and Jacqueline Shea Murphy. New Brunswick: Rutgers U P, 1995.

Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. Edición crítica y prólogo Christian Ferrer. Buenos Aires : La marca, 2008.

Derrida, Jacques. Rogues. Two essays on reason. Trans. Pascale and Naas. California: Stanford UP, 2005.

--, The animal that therefore I am. Ed. Marie-Louise Mallet, Trans. David Wills. Fordham UP. 2008.

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Desmond, Jane C. Meaning in motion: new cultural studies of dance. Editor.Durham: Duke University Press, 1997.

Dolan, Jill. The feminist spectator. Website: http://www.thefeministspectator.com/

Goddard, J. y Pringle, D. J.G. Ballard at Home; An interview with J.G.Ballard in

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Guattari, Félix. Chaosmosis: an ethico-aesthetic paradigm. Translated by Paul Bains and Julian Pefanis. Bloomington, Ind.: Indiana University Press, 1995.

Leigh Foster, Susan. Choreographing History. Indiana:Indiana UP, 1995. --; Corporealities….

Moreiras, Alberto. The exhaustion of difference: the politics of Latin American cultural studies / Alberto Moreiras.Duke University Press, 2001.

Mulvey, Laura. Visual and other pleasures. Basingstoke; New York : Palgrave Macmillan, 2009.

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Naser, Lucía. Giros en la pista: sobre danza y género. Revista Freeway, Julio – Agosto de 2011. Parte 1: “La mujer y el cuerpo en la danza”. Parte 2: Desvistiendo al hombre: hacia una danza posromántica.

, Episodios (2013 - …). http://frenesickdanza.blogspot.com/

, dIsCoNtINuAniMaLiDaD (2012). http://lucianaser.wordpress.com/.

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http://juntandonotas.blogspot.com/2011/07/giros-en-la-pista-sobre-danza-y-genero.html

Rainer, Yvonne. A woman who -- [video]: selected works of Yvonne Rainer. Chicago, Ill. : Video Data Bank,

--, Trio A (The Mind is a Muscle, Part 1), Yvonne Rainer, 1966.

--, Manifiesto del No. 1965.

Rosler, Martha. Semiotics of the Kitchen. Chicago, Ill. : Video Data Bank, 1975.

Wortham, Simon Morgan. Derrida: writing events. New York, Continuum International Publishing Group. 2008


Información complementaria:

dIsCoNtInUaNiMaLiDaD (2012) es una exploración sobre la diferencia. investigo la posibilidad y potencialidad de disolver oposiciones que neutralizan la diferencia, aprisionándola dentro de categorías dicotómicas tales como humano-animal, masculino-femenino, vivo-muerto, presente-ausente, mental-corporal, etc. sobre éstas, la performance presenta preguntas abiertas y en proceso a través de una investigación perceptiva y coreográfica, que tiene como desafíos la provocación de una interrupción en el lenguaje y la invención de un sistema de escritura.

http://lucianaser.wordpress.com/


EPISODIOS (2014) es una propuesta de embate amoroso. Un intento de explorar las continuidades entre las coreografías y los imaginarios de la lucha y del sexo. Es una investigación sobre la posibilidad de transformarnos, de ser otros, o de ser nosotros en otros. Imaginar en movimiento, improvisando fantasías siempre evanescentes. Vida fantástica en la que lo extraordinario no sea lo opuesto a lo concreto. EPISODIOS se enmarca en un proyecto de investigación que busca recuperar la ficción en la danza a través del trabajo de improvisación. Partiendo de fantasías especulativas y de la exploración sobre aquello concreto que produce y a la vez hace posible toda ficción, formularemos dispositivos de improvisación que interrelacionando danza, música e iluminación producirán un evento escénico a ser presentado en un espacio teatral. El proyecto general concibe la creación de una serie sin límite predefinido que derivará en puestas independientes pero a la vez interrelacionadas. Tomando referencias del imaginario desuperhéroess, el transformismo, la ciencia ficción y la lucha libre, los episodios presentarán una continuidad temática y estética, más que narrativa, coreográfica o metodológica. http://frenesickdanza.blogspot.com/


1En What is dance” el crítico de la danza moderna Jhon Martin comienza diciendo: “Movement, then, in and of itself is a medium for the transference of an aesthetic and emotional concept from the consciousness of one individual to that of another. This should not be as strange an idea as it seems to be. Back as far as Plato, and perhaps farther, it has been toyed with by the metaphysical philosophers. Kinesis is the name they gave to physical movement; and in an obscure footnote in Webster´s Dictionary – so common a source of reference as that! - we find that there is correlated with kinesis a supposed psychic accompaniment called metakinesis, this correlation growing from the theory that the physical and the psychical are merely two aspects of a single underlying reality. (John Martin 1933, en Copeland y Cohen 1983).